Una nueva robótica
La robótica, la casi eterna promesa de futuro que nos acompañado desde niños en la literatura y el cine, está dando tímidos pasos de gigante.
El abanico de aplicaciones reales se está ampliando y, dejando de lado los estrafalarios prototipos que periódicamente vienen de Japón, hay señales de que las cosas están cambiando.

Robot japonés que sirve cerveza
En primer lugar tenemos las aplicaciones militares, para las que nunca se escatima en gastos, y que acaban trasladándose a la vida diaria (si exceptuamos aquellos aspectos más relacionados con el negocio de la destrucción, y no siempre). Desde finales de los años 60 se ha venido experimentando y trabajando con aviones espía cada vez más sofisticados y autónomos, que están adoptando misiones progresivamente más complejas y variadas. Si a día de hoy estos aviones son capaces de realizar misiones en solitario de reconocimiento con relativa autonomía, y de ataque en control remoto, la nueva generación ahora en pruebas, ofrece la acción coordinada de un número limitado (en principio 4) de estos dispositivos, que adoptarán por su cuenta decisiones cuando acompañen y protejan a aviones reales, pilotados por personas.

Esta acción coordinada y autónoma, sin supervisión constante, es uno de los grandes saltos en robótica que han podido verse en funcionamiento sobre las arenas de Marte o del desierto de Nevada. Incluso, de forma más festiva, ha tenido su lugar en el campeonato de fútbol robot. Una competición de apariencia banal que sin embargo abordan equipos apadrinados por las principales empresas de tecnología, buscando nuevos avances derivados del trabajo de entregados estudiantes.
A otra escala, y buscando aquí la difusión de la robótica y su introducción en la vida diara, la FLL, liga robot de Lego, es una competición para chicos entre 9 y 16 años con un incremento exponencial en participantes. Buena señal de ese progresivo interés generalizado en la robótica y su introducción, es la primera edición de esta liga celebrada de España.
Los robots de Lego, son un juguete sofisticado que requiere no sólo la construcción del dispositivo sino ciertas habilidades técnicas para programarlo, lo que lo aleja del público general, pero no ocurre lo mismo con otro tipo de robots de irrupción inminente en las tiendas. A un precio de juguete caro, heredero de Aibo y Furby, el Pleo de Ugobe, es un robot-mascota autónomo, con capacidad para interactuar con el entorno, y comunicarse con sus semejantes que irán apareciendo una nueva generación de lo que llama su creador “vida artificial”. Quizá no sea preciso ser tan ambicioso, pero este tipo de robots que adoptan una imagen animal evitando el rechazo detectado en los humanoides, pueden ser la plataforma móvil para servicios en el hogar que van desde la seguridad a la asistencia.

Pleo de Ugobe
Igualmente introducidos en el hogar, y con propósitos más concretos, realistas, y por ello aceptables para el público, existen desde hace tiempo varios robots. Uno de los más extendidos es Roomba, que ha conocido ya varias generaciones y que si bien su propósito es el de ser una aspiradora doméstica, las facilidades para “destriparlo” y un API abierto, han propiciado la aparición de toda clase de aplicaciones sobre esta plataforma.
Para acabar, en la última edición del CES se han podido ver un significativo aumento de los dispositivos robóticos tanto para juguetería como para actividades domésticas (televigilancia, limpieza, asistencia a personas, rehabilitación). El gran número de plataformas de desarrollo presentadas hace prever un rápido aumento en su penetración en los próximos años.
Como se ve, partiendo de aplicaciones muy sofisticadas y exclusivas, y moviéndose hacia un escenario de hogar y cercano al usuario, que puede abrir muchas posibilidades para el desarrollo de servicios en los que intervengan las comunicaciones.
Pensemos en dejar atrás la imagen del viejo robot industrial, aunque el resultado quede aún lejos a buen seguro de lo que nos propone la ficción.
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