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Reconstrucciones del mundo y viajes virtuales

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Las tecnologías de las comunicaciones han roto con barreras de tiempo y espacio que dificultaban (o al menos no hacían tan fácil) la relación entre las personas. Podemos comunicarnos usando muchos medios distintos con personas, e incluso máquinas, en cualquier momento y desde cualquier sitio.
Una de las promesas aún pendientes de cumplir por las tecnologías emergentes es tener un impacto real sobre el desplazamiento físico. Esperamos de la telepresencia que reduzca el número de viajes; con él, el tiempo invertido –y perdido- en ellos; y reduzca el enorme coste asociado a mover a una persona cientos o miles de kilómetros para actividades que acaba por requerir una fracción del tiempo invertido en el desplazamiento. En un escenario futuro de elevados costes energéticos y una opinión cada vez más sensibilizada con la huella medioambiental de nuestras actividades, las empresas deben empezar a considerar la reducción de desplazamientos por otras actividades equivalentes facilitadas por las TIC.
El siguiente paso será la reducción de las necesidades de desplazamiento de las personas. Y éstas, cuando no son inevitables, se refieren al motor de la mayor migración del ser humano: el turismo.
Estamos lejos de un turismo virtual, que duda cabe, aunque podamos imaginar que los mundos virtuales inmersivos podrían acabar ofreciendo viajes más atractivos que los que conocemos ahora: sin aglomeraciones, en escenarios vírgenes, e incluso a épocas y paisajes ya desaparecidos o imaginarios. Con esa visión, u otra más pragmática, se están dando pasos hacia la reducción de los viajes, e incluso hacia la apertura de una nueva gama de ofertas turísticas. Todo ello en un mundo en el que el abaratamiento de los viajes, y la accesibilidad a todo tipo de destinos ha hecho de los viajes un producto de masas, dejando atrás unos orígenes elitistas.

Recientemente hemos dado con una referencia a tres iniciativas reales de viajes virtuales (lo que no es una contradicción). En “Virtual Tours – a New Fashion in China” se analizan tres formas de hacer visitas virtuales, cuya utilidad hoy en día puede ser más que ahorrarse el viaje, familiarizarse con el lugar antes de ir a él.
Las posibilidades van desde los mapas y las vistas panorámicas, a las reconstrucciones en realidad virtual. Todos ellos contienen información adicional sobre el lugar, información sobre las imágenes que vemos, y listas de eventos, e informaciones para quien vaya a realizar el viaje (cocina, compras, …). Las visualizaciones generadas ganan en perfección y espectacularidad, como las ciudades tridimensionales de UpNext.

UpNext

Es evidente que la realidad virtual, los mapas y las fotografías panorámicas son herramientas básicas para la recreación de paisajes. Sin embargo todas ellas requieren un costoso proceso para pasar desde la realidad a la pantalla del ordenador. Hay varias tecnologías en camino que buscan simplificar y automatizar este proceso. Ya hemos hablado de Photosynth (“Photosynth en las TED Talks”), que genera vistas compuestas de muchas imágenes distintas y crea reconstrucciones de escenarios a partir de fotografías. El artículo “Vacation photos create 3D models of world landmarks” habla de una nueva técnica creada en la Universidad de Washington para generar modelos tridimensionales partiendo de imágenes publicadas en servicios como Flickr.

Lo cierto es que se está creando un importante corpus de imágenes de las que se puede extraer una visión detallada de la realidad que nos circunda, tanto sus paisajes como sus personas. Aplicaciones originales e imaginativas como ésta puede ayudarnos a obtener una imagen precisa del mundo que complemente a la que cartografías, vistas, y fotografía de satélite están conformando.

En el fondo, todo ello no deja de ser una aplicación de los mundos espejo, una de las caras del metaverso.

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Estado de la telepresencia

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Por muy gratificante y útil que haya sido la experiencia que cada uno haya tenido con la videoconferencia, es difícil evitar una sonrisa cuando se la presenta -año tras año- como la solución definitiva a los viajes, que eliminará las distancias y unirá las organizaciones sin necesidad de contacto físico. La promesa de la telepresencia viene de lejos: en IFTF recuerdan que ya en 1968 era uno de los temas prioritarios de esa organización, entonces recién fundada. ¿Algo ha cambiado desde entonces?
En primer lugar los equipos ya son una realidad, tiene un coste que ya no resulta prohibitivo, y las redes, al menos en teoría, facilitan videoconferencias con una calidad media de sonido, y tirando a baja de imagen. Eso al menos cuando se hacen dentro de una misma organización, porque intentarlo entre distintas empresas no dejar de ser aún hoy día una aventura.
Varios artículos se hacen eco de avances en varios frentes que parecen acercar la telepresencia -algo más allá de la videoconferencia- a lo que siempre se ha esperado de ella.

Habitación de telepresencia de CiscoSistema de telepresencia de Cisco

Usando tres pantallas de 60 pulgadas, HDTV, cámaras, telefonía IP y, lo que parece casi tan importante como lo demás, estudios especialmente habilitados, los usuarios de los nuevos sistemas de telepresencia, como el de Cisco de la imagen, hablan de una experiencia bastante más cercana a la real de lo que hasta ahora ofrecía la videoconferencia. El uso de estudios no es casual: usan una disposición especial de un mobiliario similar en ambas localizaciones, y pintan las paredes del mismo color, cuidando los detalles para garantizar la máxima similitud entre el espacio local y el remoto. De esa forma, los usuarios tienen una sensación de continuidad en el espacio que no se consigue con la configuración habitual de cámara más TV (cuando las hay). Esta solución de "baja tecnología" parece ser determinante a la hora de ofrecer una experiencia más real.
Eso sí, a un coste altísimo (18.000$ al mes), sólo al alcance hoy en día de unas pocas empresas y para un segmento muy escogido de usuarios.
Los tres grandes fabricantes principales, Cisco, Hewlett-Packard, y Polycom, están haciendo un gran esfuerzo por empujar esta nueva generación de telepresencia, que en un escenario de mayor integración internacional (al menos comercial), y crecientes dificultades para los viajes (tanto por seguridad como por incremento de precios de los carburantes) se hace más atractiva para las impresas.

Obviamente hay una clara oportunidad tecnológica y comercial aquí más allá de la tradicional de conectividad: desarrollo de componentes más accesibles y económicos, gestión de servicios para empresas que no puedan permitirse contar con uno propio (o que prefieran acceder a uno sólo cuando lo necesiten), virtualización de los espacios para evitar la necesidad de contar con salas dedicadas similares, …

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Del teletrabajo a los “nómadas tecnológicos”

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En New Scientist se habla de los “beduinos” o “nómadas” tecnológicos. Una nueva tendencia en trabajo remoto que consiste básicamente en personas que, armadas de portátil y móvil, “alquilan” espacio de trabajo en cafeterías adquiriendo café y bollos. Se trata de un paso más allá del teletrabajo convencional desde el domicilio, que implica dejar la infraestructura fija en el hogar (cable, ADSL) para hacer uso del acceso móvil proporcionado, bien por el establecimiento, bien por medio de la infraestructura pública.
Se ha llegado al extremo de pequeñas empresas (sobre todo en el área de San Francisco) creadas sin oficinas físicas, y en las que sus trabajadores operan desde cafeterías y otros establecimientos.
Aunque en principio es un fenómeno confinado al área de la costa oeste norteamericana, y que actividades como el teletrabajo no han acabado teniendo el impacto previsto, es una tendencia que merece la pena considerar por el impacto que pueda tener en el acceso y en la oferta de herramientas a esta nueva clase de trabajadores (incluyendo, por ejemplo, la localización y disponibilidad de espacio en un área geográfica determinada).

Vía: New Scientist