Los empleados deciden en qué idioma publican sus entradas.
Puedes encontrar más contenidos seleccionando el idioma inglés en el enlace superior.

La inteligencia de un dumb pipe

1 Malo2 Mejorable3 Normal4 Bueno5 Excelente (Votos: 1. Media: 5,00/5)
Loading ... Loading ...

Autor: Paulo Villegas

Advertencia: Aunque he intentado no estarlo, estadísticamente hablando lo más probable es que esté sesgado. Sin embargo, espero que la argumentación sea válida incluso a pesar de los sesgos.

El principio de neutralidad de la red es un tema bastante polémico, donde abundan razones políticas y económicas, y con fuertes posturas (y a veces cambiantes) por actores clave en el área de Internet. Es el tema general de este artículo, pero no voy a abordar sus fundamentos. Me voy a centrar más bien en un aspecto concreto: su asociación con la metáfora del “dumb pipe”, aplicado para calificar las redes de datos (sobre todo las de Internet). Y voy a calificar esa metáfora como errónea (al menos en su formulación estándar).

Esta analogía del “dumb pipe” es en la actualidad omnipresente, sea para utilizarla como argumento o para posicionarse en contra. En esencia es tan solo una aplicación a la red de comunicación de conceptos de las redes de distribución de servicios públicos como energía y agua. Por analogía con estas redes, en las que el distribuidor se limita a transportar los elementos implicados (electrones, moléculas de agua) desde la fuente hasta la demanda, una red de datos considerada un “dumb pipe” debería limitarse a transportar sus elementos de información (bits) de un sitio a otro, sin tomar en consideración alguna qué es lo que contienen. Cualquier servicio de valor añadido se ofrecerá por encima de ese dumb pipe, pero con una separación clara de él, tanto en la operación como en el modelo de negocio.

Analogías que no funcionan

Sin embargo, este símil no responde muy bien en el nivel básico: no se pueden comparar satisfactoriamente los elementos transportados por los dumb pipes originales con los nuevos. En el transporte de agua y energía es imposible distinguir unos “bits” de otros. Por lo tanto el operador no necesita preocuparse del enrutado: su única tarea es mantener el flujo de “tráfico”, pero no interesa lo mas mínimo el origen de los bits que llenan el conducto. Está claro que este no es el caso en una red de datos, que debe garantizar el camino correcto de un extremo a otro para cada bit transportado.

Se puede concluir con ello que los problemas son fundamentalmente distintos, así que las comparaciones habituales del “dumb pipe” no funcionan: son peras y manzanas. La electricidad y el agua pueden ser permitirse ser bobas (aunque están intentando no serlo, véase mas abajo), pero las redes de comunicación necesitan ser complejas, si no no podrían proporcionar el servicio.

Dicho esto, sí que existen sentidos en el que la correspondencia entre distribución de utilities y distribución de datos tiene algún tipo de validez. Pero el efecto neto es convertir el transporte de energía en algo parecido a las redes de datos, no al contrario.

Uno es el concepto de “Smart Grid”, con iniciativas que tratan de “enlistecer” el dumb pipe energético, haciendo que las redes conozcan lo que hay en sus extremos. Las propuestas en marcha eliminarían la “neutralidad de la energía”, permitiendo distintos niveles de servicio  acordados con los clientes, incluyendo negociaciones dinámicas que dependan del actual estado de la red y su situación en el futuro (un cliente podría aceptar un servicio de peor calidad agregada con la posibilidad de una degradación ocasional a cambio de un descuento, y en una situación de congestión la compañía energética asignaría recursos basada en esos acuerdos).

Además, actualmente hay una manera (teórica) en muchos países por los que podrías “elegir” la fuente de tu energía: puedes escoger una compañía eléctrica, y en teoría eso cambia la “fuente” de tus bits energéticos. La mayor parte de la elección se lleva a cabo en el nivel “paperware”: la transmisión energética real no cambia mucho (no se instala ningún cableado eléctrico nuevo en tu casa). En este sentido, tu compañía energética se convierte en un tipo de “operador de energía virtual”, utilizando la infraestructura de tu “última milla de energía” (la del distribuidor) para proporcionar la electricidad.

Además de los costes (algunas compañías energéticas serán más baratas que otras), un criterio utilizado para decidir cuál sería tu proveedor energético podría ser el tipo de producción. Las compañías energéticas dan la descomposición por el tipo de generación y como mezclan distintas formas de producción energética; en teoría, podrías elegir una fuente de energía que vaya acorde con tu gusto (e.g. eligiendo una compañía más “verde”). Sin embargo esta descomposición se calcula a un nivel agregado (comparando la composición de cada empresa con la composición global), así que no se garantiza realmente que la energía que llega a tu casa tenga esa composición. Las partículas electromagnéticas no identifican su origen excepto en extraños experimentos cuánticos (que podrían aportar importantes aplicaciones criptográficas, pero están muy lejos de ser útiles para fines de facturación).

Existe un intento similar de “enlistamiento” en la distribución de gas natural a consumidores. En teoría, también se podría aplicar para el suministro de agua, aunque el agua suele tener una regulación más estricta, con una única compañía abasteciendo tu zona. Además la distribución del agua sigue estando mayoritariamente controlada por el estado (la privatización solo se ha llevado a cabo en unos pocos países, y sigue siendo un tema polémico). También se suele “producir” a nivel más local,  i.e. la fuente y el destino están más próximos, y tiene interconexiones menos densas que el gas o la electricidad (se trata de una red menos conectada).

Una analogía que sí funciona

¿Podemos encontrar una analogía para una red de datos mejor que aquellas que proceden de los “dumb pipes” tradicionales? Claro que podemos. Simplemente tiene que ser un servicio en el que el transporte debe conocer y respetar la fuente y el destino de cada elemento transportado. Se me ocurren por lo menos dos opciones interesantes para este tipo de comparación.

La primera es el servicio de correos (ejemplo evidente, por otra parte). Es claramente un servicio en el que los elementos de información deben viajar entre un origen y destino definido, y cualquier cambio en el destino destruye el servicio.

Cualquier analogía entre Internet y el servicio postal, sin embargo, debe tener en cuenta una diferencia importante en el proceso, el método de facturación: en la práctica habitual de intercambio de información postal es el remitente el que paga todos los costes. Uno de los mayores avances en la historia de los servicios postales fue precisamente la creación del sello franqueado (atribuido principalmente a Sir Rowland Hill , que en 1840 creó el Penny Black o Penique negro para el servicio de correos en Reino Unido). Antes del despliegue de los sellos postales, el correo lo solían pagar los destinatarios (fuente de numerosos problemas para el servicio);a partir de ese momento el sistema cambió y eran ahora los remitentes los que pagaban. Esto no se parece mucho a Internet (aunque el franqueo en destino también existe, por ejemplo, mediante los sobres con franqueos pre-pagados enviados como respuesta comercial).

Aceptando de todas formas que esta comparación es más justa, ¿podemos ahora utilizar los servicios de correos actuales como ejemplo de neutralidad en la red? Pues sí y no. Es cierto que toda la correspondencia ordinaria se trata en igualdad de condiciones: el servicio universal es un principio fundamental. Las tarifas son también casi fijas (dentro de un rango de destinos). Pero también existen servicios especializados de correos (con un coste adicional) sobre la misma red postal. Por ejemplo, podemos tener una garantía de seguridad adicional (correo certificado) o una mayor rapidez en el envío pagando una tasa. Los correos certificados son ejemplos de “servicios de valor añadido” que utilizan la misma red pero proporcionan garantía (y la prueba) de envío (por cierto que  esto implica que el correo estándar no garantiza el envío, o al menos una limitación de responsabilidad por parte del operador de red).

El correo urgente o exprés ofrece una velocidad mayor que la del envío normal, de nuevo privilegiando ciertos bits dentro de la red postal con un coste adicional (¡el retardo bajo cuesta más!). En estos servicios especializados, los servicios postales corrientes tienen la competencia de las empresas privadas como DHL, UPS, FedEx, las cuales utilizan redes alternativas.

Es también interesante destacar que un servicio universal con tarifas fijas puede ser forzado a establecer límites. Un famoso caso es el del Banco de Vernal, un edificio creado en 1916 en Vernal, Utah (EEUU). Los 80.000 ladrillos que se necesitaron para su construcción fueron enviados por correo (empaquetados en grupos y correctamente franqueados) desde su lugar de producción, a unas 400 millas, con lo que  se aprovecharon de las bajas tarifas en el (por entonces) recién inaugurado Parcel Post Service -servicio postal de envío de paquetes- (sorprendentemente este procedimiento era más barato que utilizar los medios de transporte corrientes para ladrillos). Podríamos considerarlo una demanda insostenible sobre un servicio de tarifa plana, y al menos el servicio postal de Estados Unidos sí que lo consideró así, ya que poco después de hacer entrega de todos los ladrillos pasó una regulación que limitaba el peso total que una única persona puede enviar o recibir por día. Es decir, un límite de transferencia.

Otra analogía más

Nuestro segundo ejemplo está un poco más alejado, pero sigue valiendo como analogía: aquí también es muy importante enviar cada “entidad” específica a un destino único y bien definido. Estas entidades, en este caso, son personas. Y la red, la red de líneas aéreas.

¿Qué hay de las tarifas en este ejemplo? Bien, quien piense que las tarifas de los operadores móviles son complicadas (que lo son) deberían echar un vistazo a las incomprensibles tarifas aéreas. La única pauta real es el intento de maximización del beneficio de la compañía aérea, jugando con la disponibilidad de asientos y costes, y estableciendo restricciones más o menos arbitrarias en tarifas más bajas (con el objetivo principal de mejorar el aspecto de las tarifas más altas, por comparación).

En cuanto a la neutralidad en la red, si seguimos su definición más estricta, que afirma que la red no debe discriminar a ningún usuario contra otro en su uso de la infraestructura, y prohíbe una diferenciación en calidad de servicio basada en las tarifas de acceso, las aerolíneas presentan un ejemplo claro de violación de ese principio. Se suele denominar Business Class. Pero incluso en este caso extremo se mantiene un principio mínimo de  acceso “no discriminatorio” para “contenidos” (destinos), ya que es poco común encontrar un destino de vuelo cubierto solo por asientos de clase preferente. Además, los pasajeros de clase preferente tienen privilegios de ancho de banda (o mejor dicho ancho de asiento), pero no tienen diferencias de trato en el retardo extremo a extremo, ya que todos llegan al mismo tiempo.

Por último, una incorporación más o menos reciente a las redes de aerolíneas es la de las compañías de bajo coste. Éstas representarían el caso de neutralidad absoluta en la red, dado que tratan a todos los clientes por igual: no hay clases preferentes, ni asientos reservados, ni servicios extras. Sus tarifas se basan en el ajuste de costes, intentando garantizar una ocupación completa y quitando todos los extras, sería lo equivalente a una red básica (la “tubería boba” otra vez). Sin embargo, no pueden ofrecer conexiones de largo radio (al parecer las tarifas de bajo coste no pueden hacer frente a las exigencias de los trayectos transoceánicos), y el “principio de igualdad absoluta” también se incumple a veces, con servicios como los de prioridad de embarque. Al parecer, la neutralidad absoluta en la red es demasiado exigente para ser sostenible.

Conclusión

Resumiendo,  podemos extraen tres conclusiones principales: Internet como una “tubería boba” no es tan tonta como parece, las “verdaderas” tuberías bobas (utilities) se están esforzando por hacerse más inteligentes, y las redes que encajan en una analogía de alto nivel con Internet no respetan realmente la metáfora de la “tubería boba”.

Podríamos concluir rebautizando Internet como una “tubería inteligente”. La pregunta lógica sería hasta qué nivel una tubería inteligente  necesita respetar alguno de los principios que están bajo el paradigma de neutralidad de red.

Esa sí que es una buena pregunta.