National Geographic no es una fuente muy convencional en los temas relacionados con la Vigilancia Tecnológica, pero a veces se encuentran artículos que pueden ilustrar perfectamente aspectos que merece la pena considerar. Por ejemplo, en la edición de julio, el artículo “Teoría de los enjambres” (“Swarm theory“) habla de sistemas tan complejos y estables como enjambres, bandadas, manadas y hormigueros que funcionan de manera muy sofisticada basándose en reglas muy simples, y sin un control centralizado que los guíe. Aunque nuestra tendencia hacia el antropocentrismo hace que veamos esas organizaciones como un reflejo de nuestras sociedades con “jefes”, “reinas” y cadenas de mando, lo cierto es que cada hormiga sigue unas instrucciones -prácticamente un algoritmo- sin recibir órdenes superiores, de forma que la propia reina no es más que una obrera especializada; cada pájaro en la bandada y cada pez en el banco son exactamente iguales, y no hay líderes ni jefes, simplemente siguen una reglas muy sencillas que les permiten tener como conjunto un comportamiento organizado y armónico.

Pensar que no hay nadie tras la dirección de esas organizaciones puede ser tan turbador como cuando un oficial soviético quiso saber quién estaba encargado de la distribución del pan en una gran ciudad como Londres y la respuesta que recibió fue “Nadie”.
La enseñanza práctica que podemos extraer de estos complejos comportamientos y sociedades basados en reglas muy simples es que son eficientes, sólidos, autoregulados, y requieren menos esfuerzo para su gestión. Eso explica por qué se busca replicar su comportamiento -la llamada “inteligencia de enjambre”- en aplicaciones de todo tipo: distribución, simulación, mercados financieros, entretenimiento, robótica y comunicaciones.
Lo cierto es que buena parte de nuestros mecanismos sociales se autoorganizan y autoregulan, aún cuando haya autoridades públicas sobre ellos, pero cuyo cometido es más fijar las reglas que los guían y su cumplimiento que dirigir el funcionamiento de mercados financieros, comercio al por menor, tráfico aéreo, distribución, turismo, y un largo etcétera. En cada uno de ellos, los agentes participantes, los individuos, se rigen por unas reglas más o menos complejas explícitas -regulación- e implícitas -el propio interés- dando lugar a sistemas muy complejos y ricos.
El desarrollo de aplicaciones descentralizadas y autoorganizadas requiere un punto de vista muy original y separado de la forma tradicional de diseñar nuestros procesos. También requiere, en la medida de lo posible, contar con la simulación del proceso para afinar las reglas que lo rigen. Los autómatas celulares son sistemas regidos por ordenes muy simples, pero los resultados pueden ser muy variados, difíciles de predecir y en ocasiones tendentes claramente al caos.
El artículo termina, como no podía ser de otra forma en estos tiempos, con una referencia a la “inteligencia de la multitud”, y sus más claros exponentes, como la Wikipedia o el propio algoritmo usado por Google.
Citando a:
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National Geographic Magazine (“Swarm theory“)
- Tim Harford, “El economista encubierto”