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Tests de velocidad para banda ancha (y V): El crecimiento gradual de la ventana (o cómo el fichero de descarga se nos queda pequeño)

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Además de las limitaciones asociadas al tamaño máximo que puede alcanzar la ventana, nos encontramos con la problemática adicional de que TCP, prudentemente, no empieza la transferencia con el tamaño definitivo de ventana. Por el contrario, como ya hacía la empresa de paquetería de nuestro ejemplo, TCP comienza con una ventana de un solo paquete y la va aumentando poco a poco hasta detectar el punto “de saturación”.

En consecuencia, la velocidad de transferencia no será la máxima posible desde el primer momento, sino que irá creciendo paulatinamente hasta estabilizarse alrededor del ancho de banda disponible. Por tanto, habrá un tramo al principio de cualquier conexión (al que se denomina, “fase de slow start”) en el que el caudal aún no ha alcanzado la capacidad realmente disponible. Este período será tanto mayor cuanto más alta sea la velocidad final que deba alcanzarse. Así, este comportamiento “prudente”, que es muy adecuado para evitar problemas de congestión en la red, supone una dificultad significativa para estimar la velocidad de un acceso de alta capacidad.

Para entender mejor la importancia del problema, supongamos que un piloto de Fórmula 1 quisiera medir la velocidad que su bólido es capaz de obtener en un determinado circuito y que, para ello, pidiera que le cronometrasen el tiempo que tarda en dar 4 vueltas. Si el piloto comenzara la prueba ya lanzado a su máxima velocidad, podríamos estimar esta velocidad dividiendo la distancia total recorrida (4 vueltas al circuito) por el tiempo total invertido. Sin embargo, si para evitar problemas con los neumáticos, nuestro piloto decidiera hacer la primera vuelta en 1ª, la siguiente en 2ª, y así sucesivamente, está claro que la estimación de velocidad que hemos hecho sería totalmente errónea, pues, a la 4ª vuelta aún no habría llegado, ni mucho menos, a utilizar la marcha más rápida del vehículo.

Llegados a este punto, nuestro piloto tendría dos soluciones posibles:

  • Prolongar la prueba lo suficiente para que la inclusión del período de “calentamiento” acabe por suponer un error despreciable en la medida.
  • Descartar completamente la fase de “calentamiento” y comenzar a medir cuando estemos seguros de que el coche está corriendo a su máxima velocidad.

De la misma manera, en un test de velocidad deberemos garantizar que el período de slow start no afecta significativamente a la medida, asegurándonos de que la descarga es suficientemente grande para que se llegue a la máxima ventana y que esta primera fase de “aceleración” no sesga significativamente la estimación. Desgraciadamente, en los tests que siguen las metodologías habituales, se descarta directamente la segunda opción (excluir el slow start) y se confía exclusivamente en que la duración de la prueba sea suficiente.

Para hacernos una idea de los órdenes de magnitud, a continuación se muestran los tamaños de descarga de algunos de los tests de velocidad más populares en España:

Como puede apreciarse, los Tests A, B y C tienen el mismo tamaño de descarga, 7,5 Mbytes (el tamaño típico de un test de Ookla), mientras que el Test D emplea una descarga aún más pequeña.

¿Son suficientes estos tamaños de descarga? Para comprobarlo, representaremos la evolución real del caudal de una conexión TCP en un acceso de 30 Mbps y el resultado que se obtiene con un test convencional de velocidad (que sume los bytes totales transferidos y los divida por la duración de la prueba hasta ese momento). Así mismo, se representará en la misma gráfica el resultado que se obtendría con un test “alternativo” en el que modificásemos la metodología que conocemos, para excluir explícitamente la fase de slow start.

Como puede apreciarse, en un test de velocidad convencional se necesitan varias decenas de Mbytes para estimar con cierta precisión el ancho de banda del acceso de 30 Mbps. Así, los tests de velocidad A, B y C (7,5 Mbytes) estimarían, en el mejor de los casos, unos 25 Mbps (83% del valor real), mientras que el Test D, apenas llegaría a los 20 Mbps (menos del 70%). Así mismo, cabe destacar que, empleando una metodología alternativa que excluyera directamente la fase de slow start, sería posible obtener una estimación bastante precisa con descargas de algo menos de 1 MByte.

CONCLUSIONES

Los tests de velocidad están llamados a jugar un importante papel en la evaluación de la calidad del servicio de banda ancha. Al tradicional rol de “auditores de la banda ancha”, cuyo impacto desborda el ámbito del propio sector TIC y comienza a calar en la opinión pública en general, se une el posible papel que puedan desarrollar en un futuro próximo dentro del ámbito regulatorio. Para desempeñar correctamente estos dos cometidos y que su labor finalmente se traduzca en la mejora de los servicios de banda ancha y en el aumento de la transparencia del mercado, es necesario que éstos realicen su cometido con la mayor fiabilidad y precisión.

Sin embargo, después del análisis pormenorizado de estos tests de velocidad y sus metodologías de medida, nos encontramos con que una gran parte de los medidores actualmente disponibles, aunque siguen siendo adecuados para las modalidades tradicionales de acceso, no consiguen hacer estimaciones fiables de velocidad en los nuevos accesos de alta capacidad. Así, factores como la configuración de ventana TCP en el equipo de cliente o en el propio servidor, que conducen a serias limitaciones en la velocidad máxima que puede medirse, siguen sin tenerse en cuenta a la hora de contrastar los resultados de una estimación de velocidad.

De la misma manera, problemas latentes en la propia metodología de medida, que permanecían ocultos a bajas velocidades, parecen tener ahora un efecto más evidente. Tal es el caso de la inclusión sistemática de la fase de slow start de TCP en el cómputo global de la medida, lo que, a altas velocidades, comienza a producir desviaciones más que significativas.

A la mejora continuada de estos sistemas de medición habrán de dedicar una buena dosis de atención todos los agentes implicados, de manera que dispongamos los usuarios de medios adecuados para controlar la calidad del servicio que se nos ofrece, y que esto pueda traducirse finalmente en una mejora continuada en nuestra experiencia con la banda ancha.

ENTRADAS DE ESTA SERIE:

  1. La importancia de una estimación precisa.
  2. ¿Cómo funciona un test de velocidad?
  3. TCP, la empresa de paquetería.
  4. Las limitaciones de la ventana (o cómo el sistema operativo sabotea nuestra medida).
  5. El crecimiento gradual de la ventana (o cómo el fichero de descarga se nos queda pequeño).

Tests de velocidad para banda ancha (IV): Las limitaciones de la ventana (o cómo el sistema operativo sabotea nuestra medida)

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Como vimos en el post anterior, si TCP sólo enviase un paquete cada vez y esperase a la llegada de su ACK para mandar el siguiente, podría llegarse a la paradoja de que el retardo de propagación de ida y vuelta (RTT) se convirtiera artificialmente en el cuello de botella de la transmisión, en lugar de serlo la propia capacidad del enlace (sólo se enviaría un paquete por cada ciclo de RTT). Por ese motivo, TCP mantiene un número determinado de paquetes “en vuelo” sin haber recibido aún su confirmación, de manera que es capaz de aprovechar eficientemente el enlace. A este número de paquetes “en vuelo” es a lo que se denomina ventana.

El tamaño adecuado de esa ventana se calcula dinámicamente a lo largo de la conexión, adaptándose al RTT que haya en cada momento, de manera que en cada ciclo de RTT se manden suficientes paquetes para ocupar el ancho de banda disponible (lo que equivale a “llenar la cinta transportadora” en el ejemplo anterior).

Sin embargo, el margen que tiene el protocolo TCP para adaptar dinámicamente su ventana no es indefinido. Además de las limitaciones que dicte la propia capacidad de la línea, TCP tiene que trabajar de acuerdo a los valores máximos de ventana que estén configurados en los sistemas operativos de cada uno de los extremos, de manera que en ningún caso se le permitirá trabajar con una ventana que supere en tamaño a los valores máximos prefijados en el emisor y el receptor.

De esta forma, una conexión TCP sólo será capaz de aprovechar al máximo el ancho de banda disponible si ambos extremos tienen una configuración de ventana máxima suficientemente holgada para las condiciones de funcionamiento. En particular, los tamaños de ventana TCP tanto del extremo receptor como del emisor deben ser suficientes para trabajar con las condiciones de RTT y ancho de banda máximo disponible entre los dos extremos, teniendo en cuenta que, a mayor RTT, mayor deberá ser la ventana para alcanzar una determinada velocidad de descarga, pues se tiene que:

(tal y como sucedía en nuestro símil de la cinta transportadora)

Para comprobar el impacto que esta limitación puede tener en un test de velocidad, consideremos el caso de un usuario con Windows XP que quiere comprobar la velocidad de su nuevo acceso xDSL de 30 Mbps usando un medidor de velocidad. Si tenemos en cuenta que la ventana máxima por defecto en Windows XP es de 64 KBytes y tomamos como referencia los RTT hacia algunos de los tests de velocidad más populares en España (por ejemplo, con un ping…), podemos elaborar una tabla como la siguiente, haciendo una simple división:

Así, tendríamos que si nuestro usuario utilizase el Test A para medir su velocidad, acabaría descubriendo alarmado que éste le estima prácticamente la misma velocidad que si tuviera un ADSL convencional, y comenzaría a preguntarse por qué ha contratado una conexión de alta capacidad si sigue recibiendo lo mismo… Algo parecido le sucedería si probara con el Test C durante la noche, ya que apenas le estimaría 9 Mbps.

Si, finalmente, nuestro usuario descubriera los tests B o D, o una mañana repitiera las pruebas con C, seguiría pensando que el servicio es deficiente (apenas da un 70% de la velocidad contratada), pero que “al menos se están esforzando en mejorarlo…” Al mismo tiempo, el usuario descubre extrañado cómo aplicaciones que utilizan más de una conexión TCP al mismo tiempo (p.e. programas de P2P) son capaces de alcanzar velocidades de descarga mucho mayores…

Ni qué decir tiene que si uno de estos tests de velocidad recopilara los resultados de todas sus medidas e hiciera un estudio sobre la velocidad de la banda ancha, podría llegar a la conclusión de que, cuanto mayores son las capacidades de los accesos, peor es el cumplimiento de la velocidad contratada… sin que este hecho llegara a detectarse nunca por las operadoras ni por los propios usuarios en condiciones normales de uso (p.e. utilizando aplicaciones multi-conexión).

¿Y qué pasaría si los usuarios fueran actualizando sus sistemas operativos o se las arreglaran para cambiar la configuración de su pila TCP para hacerla más eficiente? Pues que aún habría que comprobar si la ventana del servidor del test de velocidad es suficiente para estimar altas velocidades. Así, si añadimos a la tabla anterior una estimación indirecta de la ventana máxima de cada emisor, podremos estimar la máxima velocidad que puede medirse en cada caso:

Como puede apreciarse, el Test A seguiría infraestimando la capacidad de los accesos de banda ancha, mientras que los tests B y C andarían muy cerca de los límites de las ofertas más avanzadas de acceso. Sólo el Test D parece tener una configuración holgada de TCP.

Por último, cabría destacar que la notable diferencia en el RTT del Test C entre la mañana y la tarde-noche podría ser un indicador de problemas de saturación en el propio acceso del medidor de velocidad, pues, como puede apreciarse en la siguiente figura, los períodos de más RTT coinciden además con intervalos de abundantes pérdidas de paquetes (representadas en azul):

Evolución del RTT en el Test C

Una vez analizada la influencia de la configuración de ventana máxima en los extremos de la medida, dedicaremos el próximo post al estudio del otro gran elemento perturbador de estos tests: el crecimiento gradual de la ventana.

ENTRADAS DE ESTA SERIE:

  1. La importancia de una estimación precisa.
  2. ¿Cómo funciona un test de velocidad?
  3. TCP, la empresa de paquetería.
  4. Las limitaciones de la ventana (o cómo el sistema operativo sabotea nuestra medida).
  5. El crecimiento gradual de la ventana (o cómo el fichero de descarga se nos queda pequeño).

Tests de velocidad para banda ancha (III): TCP, la empresa de paquetería

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Como vimos en el post anterior, los test de velocidad actuales consisten en la descarga de un contenido de tamaño conocido a través de una conexión TCP y la medición del tiempo empleado para completar la transferencia. Sin embargo, como ya adelantábamos, la influencia del protocolo TCP en la velocidad de descarga puede ser significativa en determinados casos y, en particular, cuando se trabaja con conexiones de alta capacidad.

Para comprender mejor las limitaciones que TCP impone a un test de velocidad, nos valdremos aquí de una analogía sencilla que nos permita analizar intuitivamente los factores que condicionan este tipo de transmisiones.

Supongamos una empresa de paquetería cuyo único cometido es transportar de forma fiable paquetes postales de un edificio a otro. Para ello, se vale de una cinta transportadora “de alta velocidad” que, en un recorrido circular —similar al de las cintas de equipaje de los aeropuertos—, va y vuelve entre los dos edificios.

Para llevar a cabo esta tarea con éxito, la empresa dispone de dos trabajadores, cada uno emplazado en un extremo, de manera que el primero (el “emisor”) se encargaría de depositar los paquetes por orden en la cinta, y el otro (el “receptor”) se encargaría de recogerlos en el otro extremo y pegar un post-it en su lugar, para que llegue a su compañero a modo de acuse de recibo, aprovechando así que la cinta es circular. De esta forma, en caso de que alguno de los paquetes se perdiera por el camino (cosas que pasan…), el “emisor” estaría en disposición de ensamblar otro paquete idéntico al extraviado y volverlo a poner sobre la cinta (como veis, se trata de una empresa de paquetería con habilidades sorprendentes).

En estas circunstancias cabe preguntarse: ¿cómo podrían coordinarse los dos extremos para aprovechar al máximo la velocidad de la cinta (es decir, para enviar el máximo número posible de paquetes por hora) a la vez que garantizan una entrega fiable?

Una forma posible de organizar estos envíos sería que el “emisor” enviase un paquete y esperase a la recepción del correspondiente acuse de recibo para poner el siguiente en la cinta (o, en su defecto, esperase un tiempo prudencial antes de reenviar el paquete presumiblemente “extraviado”). Sin embargo, si la distancia entre ambos edificios fuera considerable, con esta operativa no conseguiríamos aprovechar la capacidad de transporte de la cinta transportadora, toda vez que, a lo sumo, estaríamos introduciendo un paquete por cada vuelta completa de la cinta, de manera que casi toda su superficie de transporte quedaría desocupada.

Para mejorar la eficiencia de este proceso, en lugar de depositar un solo paquete en la cinta y esperar su acuse de recibo para cargar el siguiente, la empresa de paquetería decide que puedan cargarse 2 paquetes sin que se haya recibido aún su confirmación y, una vez se reciba el acuse de recibo del primero, se vuelva a depositar un nuevo paquete en la cinta, de manera que vuelva a haber 2 paquetes “en circulación”, y así sucesivamente. Una vez que la empresa descubre que, con esta sencilla medida, ha conseguido doblar el número de paquetes que era capaz de transportar en una hora, decide ir aumentando gradualmente este número de paquetes “en circulación”, de manera que a la semana siguiente se pasa de 2 a 4, la siguiente de 4 a 8, y así sucesivamente. De esta forma, cada semana la empresa consigue doblar su capacidad de transporte… hasta que llega a trabajar con un número tan grande de paquetes “en circulación” que consigue llenar completamente el espacio de la cinta (al menos, en su camino de ida). Una vez alcanzado este punto de “saturación”, la empresa entiende que está aprovechando al máximo la velocidad de la cinta transportadora pues, por cada paquete que se esté introduciendo en un extremo, la cinta estará entregando otro al receptor, y éste, a su vez, estará colocando un nuevo acuse de recibo que, más adelante, provocará que se deposite un nuevo paquete al ritmo adecuado… En estas condiciones de funcionamiento, nos encontramos con que:

  • El sistema está trabajando de forma óptima, y la única forma de aumentar el ritmo al que se transportan paquetes pasa por aumentar la velocidad de la cinta.
  • En caso de que algún día aumentara la longitud de la cinta transportadora (porque hubiera que enviar paquetes a un edificio más lejano) sería necesario un nuevo aumento de los paquetes “en circulación” para volver alcanzar la máxima eficiencia.

Como ya habrá deducido el lector, en el caso de un protocolo de transporte como TCP las cosas funcionan de una forma muy parecida:

  • La velocidad de la cinta transportadora equivale al ancho de banda disponible.
  • Los paquetes postales que viajaban por la cinta son ahora paquetes de información que se transmiten por la red.
  • Los dos trabajadores que se ocupaban de cargar y descargar paquetes al ritmo adecuado son ahora los dos extremos del protocolo TCP (el emisor y el receptor, respectivamente).
  • Así mismo, el papel que jugaban los post-it que se depositaban en la cinta lo desempeñan ahora paquetes especiales de asentimiento, ACK, que envía el receptor al emisor para ir confirmando la correcta recepción de paquetes de datos.
  • La longitud de la cinta (dependiente de la distancia entre los edificios) equivale aquí al RTT, que es el tiempo necesario para transportar un paquete de un extremo a otro y que llegue su correspondiente ACK de vuelta.
  • El número máximo de paquetes “en circulación” se denomina en TCP “ventana” y, al igual que sucedía en el ejemplo anterior, es un parámetro fundamental para su correcto funcionamiento con altas velocidades.
  • El tanteo inicial de la empresa hasta encontrar un número adecuado de paquetes “en circulación”, equivale a un procedimiento análogo al que existe en TCP, denominado slow start, por el que se va aumentando gradualmente la ventana (y, con ella, el caudal de la conexión) hasta detectar una situación de saturación.

En definitiva, al igual que sucedía en el ejemplo anterior, nos encontramos con que es necesario que el parámetro de ventana sea el adecuado para que, en las condiciones de RTT que haya en cada momento, TCP pueda aprovechar al máximo el ancho de banda disponible. Así mismo, nos encontramos con que, a causa de este proceso inicial de “tanteo”, la conexión no alcanza su máximo caudal hasta que no ha transcurrido un cierto tiempo, tanto mayor cuanto mayor sea la velocidad máxima que puede alcanzarse en la línea.

Como puede intuirse fácilmente, el impacto que estos dos fenómenos tienen en el resultado del test puede llegar a ser muy relevante a altas velocidades. A analizar estas implicaciones y los efectos que provocan en algunos de los tests de velocidad más populares, dedicaremos las próximas entregas.

ENTRADAS DE ESTA SERIE:

  1. La importancia de una estimación precisa.
  2. ¿Cómo funciona un test de velocidad?
  3. TCP, la empresa de paquetería.
  4. Las limitaciones de la ventana (o cómo el sistema operativo sabotea nuestra medida).
  5. El crecimiento gradual de la ventana (o cómo el fichero de descarga se nos queda pequeño).

Tests de velocidad para banda ancha (II): ¿Cómo funciona un test de velocidad?

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Los tests de velocidad actuales, por razones de simplicidad, basan su estimación en medir el tiempo que el usuario necesita para descargar un contenido de tamaño conocido a través de una conexión TCP. Así, dividiendo el tamaño del contenido por el tiempo invertido en su descarga, se determina el caudal medio que tuvo esa conexión y este valor se emplea como estimador del ancho de banda disponible en el acceso del usuario. Para facilitar la realización del test, el proceso de descarga se oculta al usuario tras una interfaz sencilla (en flash o java), que sirve luego para presentar los resultados de la prueba de una manera amigable.

Una variante de esta metodología es la del llamado “test de Ookla”, donde se toman numerosas muestras a lo largo de la descarga (contando los bytes transferidos en cada intervalo), se descartan muestras “extrañas”, y al final se hace un promedio de todas esas estimaciones parciales. Esta variante, que permite ir ofreciendo al internauta “resultados intermedios” a modo de velocímetro, es la que emplean gran parte de las webs españolas que ofrecen medidores de velocidad.

Hay que señalar que estas metodologías se centran, por tanto, en estimar el ancho de banda que “llega” a la aplicación y no el realmente provisto por la red (que incluiría el transporte de todas las cabeceras de enlace, de IP, de TCP, etc.). Si bien la diferencia entre ambas magnitudes puede llegar a ser de algunos puntos porcentuales, como primera aproximación suele considerarse ésta una fuente de error “controlada”, ya que es de un orden de magnitud relativamente modesto y, casi siempre, es constante en porcentaje respecto a la capacidad del acceso que se quiera medir. Sin embargo, para que lo anterior sea cierto, es necesario garantizar que el usuario no está utilizando ninguna otra aplicación durante la realización de la prueba (por ejemplo, descargándose un fichero al mismo tiempo). Esta condición será especialmente difícil de verificar completamente si se trata de un test de velocidad accesible al gran público a través de Internet.

No obstante, la principal fuente de error en tests basados en esta metodología procede del impacto que el propio protocolo TCP y sus mecanismos de control de flujo tienen en la velocidad de descarga cuando la red de acceso es de alta capacidad. Así, factores como la configuración de TCP en el servidor de medidas y en el ordenador del usuario, la latencia entre ambos extremos o el tamaño de la descarga pueden tener un impacto determinante en el máximo caudal que puede alcanzarse en la conexión TCP de la prueba y, por tanto, en la velocidad que finalmente se estima para ese acceso.

Teniendo en cuenta la importancia de estos factores como principales fuentes de error en los tests de velocidad más populares, merecerá la pena revisarlos con más atención para entender cómo TCP puede llegar a comportarse de forma imprevista. A revisar el comportamiento de este protocolo y a señalar sus limitaciones para un test de velocidad, dedicaremos el próximo post. Para ello nos valdremos de un símil sencillo con una empresa de paquetería empeñada en aprovechar al máximo su nueva cinta transportadora “de alta velocidad”.

ENTRADAS DE ESTA SERIE:

  1. La importancia de una estimación precisa.
  2. ¿Cómo funciona un test de velocidad?
  3. TCP, la empresa de paquetería.
  4. Las limitaciones de la ventana (o cómo el sistema operativo sabotea nuestra medida).
  5. El crecimiento gradual de la ventana (o cómo el fichero de descarga se nos queda pequeño).

Peak oil, peak copper, … peak Internet?

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El llamado "peak oil" es un término que irá ganando en popularidad -para nuestra desgracia- en los próximos años. Se refiere al punto culminante de producción de petróleo y otros combustibles fósiles y supondrá, ahora sí, un punto de inflexión en nuestra forma de gestionar y consumir energía, por que una vez se haya alcanzado el máximo, ya no habrá vuelta atrás en un declive en la producción que nos obligará a tomar medidas sin dilación.

En teoría todas las materias primas pueden verse abocadas en algún momento a un "peak" que refleje el máximo de producción a partir del cual ésta caerá progresivamente. Lógicamente hay materiales más propensos a estos fenómenos (platino, cobre, fósforo, uranio, recursos pesqueros) que otros (hierro, níquel). Es razonable suponer que conociendo el momento aproximado en el que puede suceder ese máximo de producción, se adopten medidas para buscar alternativas al declive de la materia prima afectada. Sin embargo no es así, la primera predicción de "peak oil" conocida, la referida a la extracción de petróleo en Estados Unidos, pasó desapercibida, en su tiempo (1971). El momento en el que ocurrirá (o ha ocurrido) el más preocupante máximo mundial, es objeto de continuos debates.

Estimaciones de producción de petróleo y máximos

Aunque sea difícil reconocerlo así, Internet, o la conectividad en amplio sentido, es una de las materias primas en las que se basa el desarrollo del mundo actual, es uno de los pilares de ese mundo "plano" de Friedman. ¿Es previsible una escasez de esta "materia prima"?

Aunque la capacidad mundial de conectividad, tanto de voz como sobre todo de datos, no deja de crecer, la presión desde el lado de la demanda es un monstruo voraz.

El tráfico en Internet ha estado creciendo a cotas muy altas en los últimos diez años, aunque las cifras de crecimiento se ha moderado últimamente: así, se ha pasado de doblarse cada 100 días a mediados de los 90, a crecer anualmente entre un 50 y 60% en 2007. Hay una cierta reducción en el crecimiento, pero es crecimiento al fin y al cabo.

El crecimiento del uso de video en Internet (ahora mismo un 20% del tráfico), la inminencia de la alta definición, con el consiguiente crecimiento de tráfico, y la explosión de los UGC (User Generated Contents, o contenidos generados por el usuario) están disparando alarmas ante la inminencia de otro "peak": el de capacidad de la red.

 Creciemiento de la información

 

Se calcula que, por ejemplo, cada minuto, se añaden 8 horas de vídeo en un servicio como Youtube. Todo ello define lo que algunos llaman un "exaflood", o la inundación de exabytes de información en la red. Para IDC se pasaría de 161 exabytes generados en 2006 a 988 en 2010; para CISCO, el tráfico se quintuplicará entre 2006 y 2011; AT&T habla de un 80% tráfico debido al vídeo en 2010, comparado con el 30% actual.

Lo cierto es que se es la infraestructura crece, pero no al mismo ritmo: teóricamente, la capacidad aumentó un 47% en 2006, aunque el tráfico lo hizo un 75%. Durante estos últimos años hemos ido consumiendo la sobrecapacidad creada en los tiempos de la "burbuja de Internet": kilómetros y kilómetros de fibra instalados en tiempos de optimismo, que han tenido una importancia decisiva en el actual periodo de esplendor de la red.

Está claro que la solución vendrá del crecimiento de las infraestructuras, pero ese hecho también causa fricción. Los servicios Web eran hasta ahora más equilibrados en su consumo de recursos, y las tarifas planas se han diseñado pensando en ellos. La irrupción del servicio iPlayer de la BBC ha hecho que algunos ISPs se hayan puesto en pie de guerra. Youtube, y los servicios proveedores de vídeo a la carta son ávidos devoradores de ancho de banda, pero nadie parece dispuesto a pagar más por el consumo de vídeo. Los propietarios de estas infraestructuras se lamentan de que en este nuevo escenario resulta difícil mantener el ritmo de inversión necesario, y al mismo tiempo rentabilizarla; los gobiernos no parecen haberse dado por aludidos, pero la industria tampoco clama por su intervención; las soluciones en torno a la "net neutrality" (o su ausencia) que implicarían discriminar el tráfico según su tipo y origen, generan debates ásperos.

Dicho todo lo anterior, no hay que olvidar que una constante universal es la predicción de inminentes desastres. La visión pesimista del momento presente, y el anuncio de inevitables y próximos desastres se ha sucedido siglo tras siglo: en la Roma de los Flavios, la España de Carlos V, o los Estados Unidos desde los años 60, se han realizados predicciones de declives inminentes, y decadencias para pasado mañana.Viendo la aparente avidez de noticias de desgracias que den la razón a quienes las pronostican, no está de más tomar estas predicciones con prudencia y sentido crítico, y evitar dejarse arrastrar sin resistencia por ellas. Es por ello, que hay también una corriente de opinión, menos publicitada, que se muestra confiada en que la reducción de crecimiento de tráfico baste para el despliegue de nuevas infraestructuras. Incluso se propone la vuelta a arquitecturas centralizadas más eficientes que la actual distribución de servicios y, sobre todo, contenidos. "Una única copia" de cada contenido y universalmente accesible, frente a millones de clones en cada servidor y en cada hogar.

Un debate que nos va a mantener entretenidos un buen tiempo.

Citando a:

Más ancho de banda, más velocidad,… ¿hasta cuánto?

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Aparentemente, el progreso en las redes de acceso está supeditado al ancho de banda que ofrecen. Cada nueva generación de redes fijas o móviles, básicamente lo que ofrece es mayor velocidad. Sí, claro que está muy bien que nos dupliquen la velocidad del ADSL cada cierto tiempo o que desde el móvil podamos conseguir navegar incluso más rápido que con las líneas ADSL. Y a quién no le seduce tener fibra óptica en la red de acceso, con más de 50Mbps, pero… ¿hasta cuánto es suficiente?

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Según el análisis de Jakob Nielsen, desde un punto de vista de factores humanos, estaría justificado llegar hasta entre 1 y 4 terabits por segundo dependiendo del factor de compresión. Simplificando el análisis, la velocidad que debería darnos la red de acceso tiene que ser igual al menos a la que necesitamos para “consumir” los contenidos que descargamos. Por eso, las emisiones en tiempo real son más demandantes de ancho de banda que los servicios P2P para descarga de archivos que se visualizan en otro momento.

Para la música en estéreo, unos 150kbps nos ofrecen ya una calidad equiparable a un concierto (calidad CD), aunque los oídos más finos apreciarían mejoras hasta los 300kbps. Las imágenes en color a 24 bits ofrecen suficientes millones de colores como para considerarlas “true color” y algunos abogados así se lo exigen a Apple. La resolución típica de un monitor de ordenador es muy pobre (unos 80dpi) en comparación con las impresoras (más de 600dpi) y se necesitarían interfaces gráficos hasta 1200dpi para llegar a la misma calidad que el material impreso. En cuanto al tamaño de pantallas, cada vez son más grandes, si bien el límite en cuanto a productividad está en las 24″ según un artículo del WSJ basado en un estudio de NEC. Pero si quisiéramos monitores de 1200 dpi con el mismo tamaño de un periódico, estaríamos hablando de unos 48K x 32K pixels. En el caso del vídeo, la tasa de 60 frames por segundo es lo más habitual, aunque necesitamos 120 para conseguir una imagen ideal. Aún nos faltan muchos años para ver monitores con resolución de 48Kx32K, 24-bit y 4.6GB de videoRAM, pero si echas las cuentas con una tasa de refresco de 120 fps, eso justifica la necesidad de 1-4 Tbps.

Todo lo anterior es pura teoría, porque la práctica parece demostrar justo lo contrario, cada vez somos menos exigentes en cuanto a la calidad de imagen. La gran mayoría se conforma con la resolución de los vídeos en YouTube, que me recuerda a los tiempos del VHS. Lo que entendemos por TV alta definición (720p) es muy inferior a la resolución de los monitores para PC. ¿Es que no somos suficientemente exigentes? Y si es así, ¿entonces por qué esa obsesión con ofrecer redes de mayor velocidad?