SMART GRID Y LA PRIVACIDAD: ¿SMART GRID=BIG BROTHER?
Autor: Carlos Plaza
La preocupación por la incidencia en el medio ambiente del continuo aumento de energía, el previsible agotamiento de las fuentes de energía no renovables y la dependencia energética de los países más desarrollados ha llevado ya hace tiempo a situar el concepto de “smart grid” –red eléctrica inteligente- como uno de las soluciones para mitigar o revertir la situación, gracias a una gestión más eficiente del consumo energético.
Como parte del “smart grid”, las compañías eléctricas sustituyen los viejos contadores de lectura mensual o bimensual por modernos contadores (smart meters) que comunican en tiempo casi real el consumo (por ejemplo, cada 15 minutos). Así, se pueden ajustar las tarifas a la demanda, incentivando al usuario a desplazar su consumo hacia horas valle. Si además se añaden equipos (lavadoras, lavavajillas, frigoríficos,etc) inteligentes, capaces de enviar información sobre cuándo están funcionando y de aceptar órdenes, se puede proporcionar una completa gestión energética.
En prácticamente todos los países desarrollados hay pilotos en marcha, y en muchos, plazos fijados para sustituir el parque actual de contadores.
Sin embargo, a medida que estos proyectos van haciéndose reales, van surgiendo voces que piden cautela –e incluso se oponen- a la implantación de los contadores inteligentes.
Por ejemplo, en los Países Bajos el plan del Gobierno era que para el año 2013 todos los hogares estuviesen equipados con contadores inteligentes; finalmente, dicha “obligatoriedad” se ha convertido en “voluntariedad”.
Un debate similar ha surgido en el Reino Unido.
¿La razón? La preocupación sobre la PRIVACIDAD.
Efectivamente, el tomar medidas frecuentes sobre el consumo en un hogar puede llevar a determinar:
-Qué equipamiento existe en un hogar y cuándo se usa. El gráfico mostrado más abajo, tomado del NIST (National Institute of Standards and Technologies de EE.UU) –bastante famoso cuando se habla de este asunto- muestra un ejemplo: hay aparatos que muestran un patrón típico de consumo energético (“firma eléctrica”), lo que permite detectar su presencia y su uso.
-Cuántas personas viven en un hogar, cuáles son sus costumbres -horario de levantarse, acostarse, comidas, en qué estancias de la vivienda pasan más tiempo- (Esto es lo que afirman desde Siemens)
-Como caso particular, podría llegar a determinarse la presencia de aparatos médicos que permitirían inferir problemas de salud en los habitantes del hogar, con lo que estaríamos hablando de información clasificada con el máximo grado de confidencialidad, de acuerdo a las leyes de Protección de Datos.
Y si trasladamos el escenario a los edificios de oficinas y negocios, podría valorarse el tipo de actividad económica y su volumen, la presencia de ciertos procesos industriales….
¿A quién interesaría toda esta información, además del uso primigenio de gestión energética?
Pues se puede elaborar una lista bastante extensa, si dejamos trabajar un poco nuestra imaginación:
-Marketing: Profiling de usuarios.
-Investigaciones judiciales y policiales: por ejemplo, si había alguien en una vivienda en un momento determinado, o cuánta gente, o qué tipo de actividades se estaban realizando…
-Delincuentes: evidentemente, para conocer las costumbres de sus potenciales víctimas.
-Aseguradoras: conocer la salud de un asegurado.
-Financieras: valorar la situación laboral de una persona: determinar si trabaja según sus hábitos en el hogar, o si los varía bruscamente, lo que puede ser debido a una situación de stress ante un posible despido.
Así, estos posibles usos no deseados pueden añadir más debate a la cuestión de la privacidad en la sociedad actual, tema de bastante actualidad por el uso de Internet, donde, al fin y al cabo, nadie sabe cuándo nos levantamos, comemos, etc, -salvo que lo “twiteemos” o tengamos una webcam conectada permanentemente-, pero sí existen una legión de empresas tratando de trazar la actividad de los usuario mediante técnicas tales como las cookies o el “fingerprinting” de dispositivos (huella única que se puede conseguir de, por ejemplo, un portátil, analizando información que se envía al visitar una página web: tamaño de la pantalla, versión del navegador y complementos que tiene instalados, tipos de letra disponibles, e incluso parámetros del protocolo TCP/IP ; el Wall Street Journal ha publicado una serie de artículos bastantes instructivos: “What they know-digital privacy“).
Ello hará que la privacidad en las redes eléctricas se sitúe probablemente a un nivel parecido al de la privacidad en Internet y sea objeto de especial atención por los reguladores.
¿Qué se puede hacer para lograr que el Smart Grid se desarrolle y cumpla la promesa de lograr una mayor eficiencia energética?
Pues básicamente, que los actores implicados tengan en cuenta una serie de principios sobre Privacidad – cuyas primeras piedras fueron puestas por la OCDE hace ya 30 años, con sus recomendaciones sobre Privacidad-, y que cada vez son más adoptados en el mundo de Internet y las Telecomunicaciones (por ejemplo, la GSMA, asociación que agrupa a los principales operadores móviles, acaba de anunciar la publicación de unas recomendaciones para la privacidad en aplicaciones móviles).
Como resumen de los principios comúnmente adoptados, se puede citar:
• Recoger solo aquellos datos de usuario que son necesarios para prestar un servicio y mantenerlos únicamente el tiempo necesario.
• Informar de manera clara y obtener el consentimiento del usuario para el tratamiento de sus datos, tanto inicialmente como cada vez que haya un cambio de uso o de tratamiento.
• Asegurar la confidencialidad e integridad de los datos, aplicando las técnicas de seguridad necesarias: encriptación en la transmisión y almacenamiento o control de acceso, por ejemplo.
Así, se logrará unos servicios en los que los usuarios confíen y que aporten a toda la sociedad beneficios.
Por ejemplo, agencias como el NIST citado anteriormente ha publicado un volumen con recomendaciones sobre privacidad como parte de un estudio de ciberseguridad en el SmartGrid donde se recomienda seguir prácticas similares a las enumeradas, que se van haciendo cada vez más frecuentes en los servicios en Internet.









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