La elección del sistema operativo móvil (mobile OS) es un asunto que atañe a los operadores, porque es una ventaja competitiva que permite diferenciarse de otros, en la medida que actualmente se utiliza el teléfono móvil como reclamo para captar nuevos clientes o fidelizar a los existentes. El atractivo de los smartphones hechiza a los usuarios hasta el punto de que son capaces de cambiar de operador solo por conseguir el último modelo.
La forma más fácil de diferenciarse es mediante un acuerdo de venta en exclusiva de determinados modelos de teléfonos. Movistar ha aprovechado bien esa ventaja competitiva en el caso del iPhone. En España, si quieres usar alguna de las aplicaciones de la App Store, o bien te compras un iPod Touch o tienes que hacerte cliente de Movistar (o pagar mucho más por un teléfono libre). Mientras se continúe promocionando determinados teléfonos móviles para captar o retener clientes, el mobile OS es un aspecto a considerar en la creación del catálogo de terminales subvencionados disponibles. Sin embargo, esa ventaja basada en la “venta en exclusiva” es temporal, como se ha demostrado en el caso de O2 UK, que ha perdido la exclusividad del iPhone una vez que han pasado los 2 años del acuerdo inicial para su distribución.
Los sistemas operativos abiertos son atractivos para los fabricantes de terminales, especialmente si no tienen una posición dominante en el mercado, porque implican romper las barreras de entrada y evitar el pago de licencias o royalties por el uso de sistemas propietarios. En el caso de Apple, ellos son los únicos fabricantes del iPhone y se cobra a los desarrolladores de aplicaciones un 30% de los ingresos por ventas.
Para un operador de red móvil, los open mobile OS reducen el coste de los terminales subvencionados, ya que al coste hardware del terminal no habría que añadir también el coste de la licencia del mobile OS correspondiente.
Desde el punto de vista de un proveedor de servicios/aplicaciones móviles, cabría pensar que los sistemas operativos abiertos no aportan ningún tipo de ventajas frente a los tradicionales como Symbian, Windows Phone, etc. De hecho, Nokia y Microsoft permiten al operador integrar aplicaciones en el menú principal, distribuyéndolas directamente en el firmware del terminal. Es más, la aparición de nuevos sistemas operativos puede complicar el desarrollo de aplicaciones al introducir nuevas SDKs y por tanto más fragmentación del mercado.
Sin embargo, la tendencia de los servicios está cambiando, siendo muchos los fabricantes que están creando servicios móviles. Algunos ejemplos son Nokia con sus servicios Ovi o Google, que utiliza Android como medio para introducir todos sus servicios en red (sincronización de datos, GMail, GCalendar, Android Market, etc). Además, estos fabricantes están orientado la experiencia de usuario hacia sus propios servicios, de manera que sus servicios están mucho mejor integrados y son más fáciles de usar. Por tanto, si no defienden el uso de sistemas abiertos, los operadores móviles corren el riesgo de que los servicios que le gustaría que fueran a nivel de firmware se vean desplazados por los del propietario del mobile OS.
En el caso de Nokia, de momento parece que permite que los operadores móviles integren sus servicios al mismo nivel que los suyos. Pero quizá cuando estos tengan servicios que entren en competencia con los de Nokia, esto deje de ser así. Para cuando suceda esta situación, los operadores móviles deberían tener preparado un plan alternativo. Nosotros pensamos que ese plan pasa por favorecer a los terminales con sistemas operativos abiertos.