El llamado "peak oil" es un término que irá ganando en popularidad -para nuestra desgracia- en los próximos años. Se refiere al punto culminante de producción de petróleo y otros combustibles fósiles y supondrá, ahora sí, un punto de inflexión en nuestra forma de gestionar y consumir energía, por que una vez se haya alcanzado el máximo, ya no habrá vuelta atrás en un declive en la producción que nos obligará a tomar medidas sin dilación.
En teoría todas las materias primas pueden verse abocadas en algún momento a un "peak" que refleje el máximo de producción a partir del cual ésta caerá progresivamente. Lógicamente hay materiales más propensos a estos fenómenos (platino, cobre, fósforo, uranio, recursos pesqueros) que otros (hierro, níquel). Es razonable suponer que conociendo el momento aproximado en el que puede suceder ese máximo de producción, se adopten medidas para buscar alternativas al declive de la materia prima afectada. Sin embargo no es así, la primera predicción de "peak oil" conocida, la referida a la extracción de petróleo en Estados Unidos, pasó desapercibida, en su tiempo (1971). El momento en el que ocurrirá (o ha ocurrido) el más preocupante máximo mundial, es objeto de continuos debates.

Aunque sea difícil reconocerlo así, Internet, o la conectividad en amplio sentido, es una de las materias primas en las que se basa el desarrollo del mundo actual, es uno de los pilares de ese mundo "plano" de Friedman. ¿Es previsible una escasez de esta "materia prima"?
Aunque la capacidad mundial de conectividad, tanto de voz como sobre todo de datos, no deja de crecer, la presión desde el lado de la demanda es un monstruo voraz.
El tráfico en Internet ha estado creciendo a cotas muy altas en los últimos diez años, aunque las cifras de crecimiento se ha moderado últimamente: así, se ha pasado de doblarse cada 100 días a mediados de los 90, a crecer anualmente entre un 50 y 60% en 2007. Hay una cierta reducción en el crecimiento, pero es crecimiento al fin y al cabo.
El crecimiento del uso de video en Internet (ahora mismo un 20% del tráfico), la inminencia de la alta definición, con el consiguiente crecimiento de tráfico, y la explosión de los UGC (User Generated Contents, o contenidos generados por el usuario) están disparando alarmas ante la inminencia de otro "peak": el de capacidad de la red.

Se calcula que, por ejemplo, cada minuto, se añaden 8 horas de vídeo en un servicio como Youtube. Todo ello define lo que algunos llaman un "exaflood", o la inundación de exabytes de información en la red. Para IDC se pasaría de 161 exabytes generados en 2006 a 988 en 2010; para CISCO, el tráfico se quintuplicará entre 2006 y 2011; AT&T habla de un 80% tráfico debido al vídeo en 2010, comparado con el 30% actual.
Lo cierto es que se es la infraestructura crece, pero no al mismo ritmo: teóricamente, la capacidad aumentó un 47% en 2006, aunque el tráfico lo hizo un 75%. Durante estos últimos años hemos ido consumiendo la sobrecapacidad creada en los tiempos de la "burbuja de Internet": kilómetros y kilómetros de fibra instalados en tiempos de optimismo, que han tenido una importancia decisiva en el actual periodo de esplendor de la red.
Está claro que la solución vendrá del crecimiento de las infraestructuras, pero ese hecho también causa fricción. Los servicios Web eran hasta ahora más equilibrados en su consumo de recursos, y las tarifas planas se han diseñado pensando en ellos. La irrupción del servicio iPlayer de la BBC ha hecho que algunos ISPs se hayan puesto en pie de guerra. Youtube, y los servicios proveedores de vídeo a la carta son ávidos devoradores de ancho de banda, pero nadie parece dispuesto a pagar más por el consumo de vídeo. Los propietarios de estas infraestructuras se lamentan de que en este nuevo escenario resulta difícil mantener el ritmo de inversión necesario, y al mismo tiempo rentabilizarla; los gobiernos no parecen haberse dado por aludidos, pero la industria tampoco clama por su intervención; las soluciones en torno a la "net neutrality" (o su ausencia) que implicarían discriminar el tráfico según su tipo y origen, generan debates ásperos.
Dicho todo lo anterior, no hay que olvidar que una constante universal es la predicción de inminentes desastres. La visión pesimista del momento presente, y el anuncio de inevitables y próximos desastres se ha sucedido siglo tras siglo: en la Roma de los Flavios, la España de Carlos V, o los Estados Unidos desde los años 60, se han realizados predicciones de declives inminentes, y decadencias para pasado mañana.Viendo la aparente avidez de noticias de desgracias que den la razón a quienes las pronostican, no está de más tomar estas predicciones con prudencia y sentido crítico, y evitar dejarse arrastrar sin resistencia por ellas. Es por ello, que hay también una corriente de opinión, menos publicitada, que se muestra confiada en que la reducción de crecimiento de tráfico baste para el despliegue de nuevas infraestructuras. Incluso se propone la vuelta a arquitecturas centralizadas más eficientes que la actual distribución de servicios y, sobre todo, contenidos. "Una única copia" de cada contenido y universalmente accesible, frente a millones de clones en cada servidor y en cada hogar.
Un debate que nos va a mantener entretenidos un buen tiempo.
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