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Web 2.0 en el campo de batalla

Si hay una actividad humana que ha empujado históricamente el desarrollo tecnológico, esta ha sido la guerra. Puede ser un hecho lamentable, pero es una realidad constatada que dedicamos nuestros mejores recursos y talentos al oficio de matarnos entre nosotros. El empujón tecnológico de las dos guerras mundiales del siglo XX, añadido a la incruenta pero no menos real Guerra fría ha afectado a todos los campos de desarrollo humano.

Las guerras modernas son difusas, intermitentes, móviles. Nada que ver con los masivos enfrentamientos del pasado. Las rígidas doctrinas monolíticas y jerárquicas, de las que sería un ejemplo el ya olvidado ejército soviético, han dejado paso a formas más flexibles y dinámicas de operar, posiblemente más cercanas a las pautas de comportamiento de las fuerzas irregulares con las que miden ahora los ejércitos más desarrollados. Además, la reducción de recursos dedicados a los ejércitos desde el final de la Guerra Fría (contrariamente a lo que podría pensarse, en términos de porcentaje de PIB, estamos en mínimos históricos), fomenta el desarrollo de soluciones imaginativas.

La gestión de la información, la automatización y la flexibilidad son algunos de los ejes de la doctrina militar occidental. El despliegue de robots, tanto aéreos como de infantería, en el campo de batalla, aunque está pasando desapercibido para la prensa, puede tener un impacto indeleble en nuestras sociedades (si acaban por formar parte de fuerzas policiales, por ejemplo). En el sentido contrario, las tendencias sociales contemporáneas, tienen su influencia en la forma de combatir.

Mashup militar

Ya era sabido que en Afganistán, las fuerzas que operaban sobre el terreno habían creado una infraestructura de información paralela a la oficial en forma de wiki para recoger datos actualizados. Las patrullas introducían y actualizaban la información en función de su experiencia, para que otros contaran con una visión de primera mano antes de operar sobre el terreno.

Esta lección ha dado lugar a una herramienta más propia de la Web 2.0 que se utiliza en Irak. Se trata de un mashup que combina información geográfica con una recopilación histórica de eventos, tanto positivos (colaboración, ayuda) como negativos (emboscadas, ataques), que actualizan las patrullas tras cada salida, y que consultan antes de cada misión.

El sistema, llamado TIGR (Tactical Ground Reporting System) es una herramienta construida en torno a sus usuarios, las tropas que operan sobre el terreno, y que se alimenta de sus contribuciones. Se trata de uno de los primeros resultados de las actividades de investigación militar desarrolladas en torno a la información y su distribución, no a nuevos equipos y sistemas de armas. Es más, muestra un cambio en la forma de hacer las cosas que resulta revolucionara en su entorno: no se trata de construir una plataforma y hacer que los usuarios, tropas en este caso, se adapten a ella; aquí se han seguido postulados contemporáneos propios de la Web 2.0 para hacer que el diseño se haga en torno a los usuarios del sistema. También se trata de una actividad pequeña -comparativamente- para unidades pequeñas, al margen de los habituales colosales contratos muy ambiciosos y de gran envergadura presupuestaria.

El sistema, actualmente sólo instalado en las bases de estas unidades, quiere hacerse móvil y llegar a los vehículos, e incluso a dispositivos personales, integrar fuentes de información que se actualizan en tiempo real y extender su foco a otras áreas y actividades.

En el fondo, lo que estamos viendo es una iniciativa aplicada a la vida real de acuerdo con las permisas propias hasta ahora de la Web 2.0. Si es posible llegar a un mundo tan especializado y peculiar como las operaciones militares, podremos ver estos conceptos aplicados cualquier terreno de nuestra vida diaria.

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